jueves, septiembre 04, 2008

Bobby Fischer, el genio loco

1972. En plena Guerra Fría el ajedrez era más que un juego o deporte, y desde luego era más popular que hoy en día. El mundo tenía puestos sus ojos en Reikiavik, la capital de Islandia. Desde la muerte del ruso Alexander Alekhine en 1948, quien había abandonado su país en 1921 para no volver, y la toma de control de los campeonatos mundiales por la federación internacional de ajedrez, la FIDE, todos los campeones de ajedrez habían sido soviéticos. En la URSS el ajedrez no era un mero deporte, era un asunto de Estado. El aplastante dominio soviético levantó muchas suspicacias. Había quienes opinaban que los soviéticos pactaban empates en partidas clave para favorecerse entre sí. En Reikiavik habrían eliminatorias. Y ésa no era la única novedad. Por primera vez en varias décadas habría un finalista no soviético. El excéntrico, visceral y antiguo niño prodigio Bobby Fischer iba a enfrentarse al campeón mundial de ajedrez, Boris Spassky. Un norteamericano contra un soviético. Dos potencias enfrentadas. Una partida politizada. La "partida del siglo".

Robert James Fischer nacía el 9 de marzo de 1943 en Chicago, Illinois. Hijo de un médico de alemán y una maestra procedente de una familia judía de Polonia, sus padres se divorciaron cuando él apenas contaba dos años. Su madre, Regina Wender, se quedó a cargo de Bobby y su hermana mayor. La familia se trasladó a Nueva York, donde Regina iba a cursar unos estudios y trabajar como profesora. Regina tenía poco tiempo para estar con sus hijos. Cuando no estaban en la escuela Bobby y su hermana pasaban la mayor parte del tiempo encerrados en su apartamento de Brooklyn. Cuando Bobby tenía seis años Regina compró algunos juegos en una tienda del barrio. Entre ellos el joven descubrió un juego de ajedrez. Aprendió a jugar siguiendo las instrucciones que acompañaban al tablero. Comenzó jugando contra su hermana o contra algún niño del barrio. Muy pronto les ganaba a todos. El joven Bobby había descubierto su pasión. Dedicaba todo el tiempo que podía a jugar al ajedrez. Encontró un libro sobre ajedrez y lo devoró. Su madre decidió apuntar a Bobby al club de ajedrez de Brooklyn. Allí tendría, por primera vez, un verdadero maestro, Carmine Nigro.
En 1951 Bobby acudió a una exhibición simultánea del maestro Max Pavey. El joven perdió en quince minutos. Fue un duro golpe para el ego del muchacho. Allí Bobby supo que odiaba perder con toda su alma. A los doce años el joven ajedrecista se unía a uno de los clubes de ajedrez más prestigiosos del mundo, el Manhattan Chess Club. Su talento llamó la atención del gran maestro de ajedrez Arnold Denker, quien le apadrinó y le enseñó en qué consistía en ajedrez profesional. Para un niño que había crecido sin padre Denker se convirtió en alguien muy querido. El maestro incluso llevaba a Bobby a ver partidos de hockey, como si fueran padre e hijo. Su amistad duró de por vida.

El joven comenzó a obtener grandes puntuaciones en los torneos del club. Ningún niño de su edad, o incluso algo mayor, era rival para él. En los torneos suizos de Washington Square se podía ver al pequeño genio enfrentándose a adultos y ajedrecistas profesionales. Algunas veces ganaba y otras perdía, pero no había lugar a dudas de que Bobby Fischer era todo un prodigio. 1955 vio como alcanzaba la categoría B, a tres del título de Maestro. También en ese año derrotaba en una exhibición a ciegas (esto es, con los ojos tapados) al maestro Reshevsky. En 1956 viajaba a Cuba para dar una exhibición de simultáneas en el Club de Ajedrez Capablanca. Tan sólo tenía trece años. Al regresar a Estados Unidos se convertiría en el campeón Junior más joven de la historia.
Fischer era un genio, un niño prodigio, un superdotado. Y como les sucede a muchos de ellos, se aburría en el colegio. Sus notas eran mediocres. Sin embargo con catorce años se convirtió en el estadounidense más joven en alcanzar una puntuación en su ranking equivalente a la categoría de Maestro. La primera "partida del siglo" para Fischer llegó en octubre del 56, cuando derrotó al ajedrecista Donald Byrne en lo que muchos consideran fue la mejor partida que jugara Bobby en su vida. El Fischer vs Byrne es hoy un estándar estudiado por muchos ajedrecistas en el mundo.
En 1958 Fischer ganaba su primer US Chess Championship, batiendo récords de juventud y convirtiéndose en Maestro Internacional a los quince años. Al año siguiente su madre abandonaba el apartamento familiar para dedicarse a sus estudios de Medicina. Ferviente comunista, la relación entre ella y Bobby era, cuando no inexistente, bastante tensa. El joven sintió que su madre nunca estuvo ahí para él. Su refugio fue el ajedrez. Los hay que ven en esas carencias afectivas la causa de su furibundo desprecio por la Unión Soviética y de su antisemitismo, por no decir de sus futuros desequilibrios mentales. Pero ese año, mientras su madre perseguía sus sueños, Bobby dejaba definitivamente los estudios para dedicarse por completo al ajedrez, que ya le estaba reportando algunas ganancias. En 1958 participaba en el torneo Portorož Interzonal, que le valió el participar en el Torneo de Candidatos para el Campeonato del Mundo. De nuevo, era el más joven en conseguirlo. Con 15 años conseguía el título de Gran Maestro.

Con dieciséis años nacía el ajedrecista profesional Bobby Fischer. Dejó de vestiar vaqueros y comenzó a vérsele con trajes caros y peinados impecables, siguiendo el estilo dandy de ajedrecistas como Miguel Najdorf. También empezó a partcipar en multitud de torneos. Ganó el US Championship de 1958/59 al que le siguieron ocho más, casi todos consecutivos (salvo el del 61/62), que tuvieron como campeón al joven genio. En 1960 se enfrentaba por primera vez a Boris Spassky, empatando con él en el Torneo de Mar de la Plata. Spassky finalmente se llevó la victoria. Nacía una amistosa rivalidad. Dicen que por entonces, durante su participación en el Torneo de Buenos Aires, Fischer conoció los placeres del sexo. Muchos achacan a su primera experiencia sexual el que perdiera aquel torneo con rivales de menor categoría. Al parecer Fischer decidió no mezclar nunca más placer y trabajo. A principios de los 60 participó también en varias Olimpiadas de Ajedrez en el equipo de los Estados Unidos. Los tiempos de forajido del ajedrecista quedaban aun lejos.
En 1962 Fischer ganaba el Interzonal de Estocolmo, un paso más hacia el Torneo de Candidatos. Llegó a dicho Torneo como favorito. Pero el campeón soviético Tigran Petrosian quedó muy por encima de todos. El norteamericano acabó cuarto. Tras ese torneo llegó la primera acusación de Fischer de empates amañados entre los soviéticos. En 1964 se publicaba por primera vez una lista de los mejores ajedrecistas del mundo. Fischer, con veintiún años, estaba en el primer puesto empatado con Petrosian.

Por encontes Fischer rehusó participar en el Interzonal de Amsterdam, eliminando así cualquier posibilidad de optar al título dos años después. Para entonces la FIDe había cambiado las reglas del Torneo de Candidatos, sustituyendo la modalidad de todos contra todos por un torneo eliminatorio, para evitar los empates pactados sobre los que tanto se había venido debatiendo en los últimos tiempos. Tampoco quiso participar en la Olimpiada de Ajedrez de aquel año. Prefirió viajar por los Estados Unidos jugando partidas de exhibición y dando conferencias, que presumiblemente le reportaban más dinero que el defender a su país en la Olimpíada. Tras negársele la entrada en Cuba para participar en el Capablanca Memorial Tournament, Fischer participó en el mismo usando un telégrafo. Allí derrotó a un antiguo campeón ruso, Vasily Smyslov, lo que supuso todo un acontecimiento. Sin embargo, enfrentado de nuevo a Spassky en un torneo en Santa Monica, no tuvo tanta suerte y quedó segundo.

Si uno escuchaba con atención en los pasillos y despachos de los edificios que albergaban las competiciones seguramente podrían escucharse las protestas de Bobby Fischer. Envuelto en una sectaria iglesia llamada Worldwide Church of God, que había anunciado el Apocalipsis para 1972, en el Interzonal de 1967 Fischer pidió que se respetara su observación del sabbath. Su deseo fue concedido. Conforme su fama se acrecentaba lo hacían también sus manías, extravagancias y peticiones. La iluminación, el silencio, la distancia del público a la mesa, los asientos, la presencia de cámaras, los premios y el dinero... todo era susceptible de ser protestado por Fischer. Un leve carraspeo de la audiencia podía desatar su ira. Acabó abandonando el Interzonal por sus disputas con los organizadores respeto a la organización y horarios de las partidas. Una vez más dejaba escapar la oportunidad del Campeonato del Mundo. Tras ganar su último campeonato de los Estados Unidos no se presentó al siguiente por desacuerdos sobre la organización y el premio en metálico.

1970. Tras dieciocho meses de inactividad, Fischer vuelve al campo de batalla ajedrecístico dispuesto a todo. Sin embargo sus abandonos en el Interzonal y el no presentarse a los campeonatos nacionales le habían inhabilitado para presentarse el Torneo de Candidatos. Fischer, la gran esperanza blanca contra el dominio rojo, no podía quedarse fuera cuando estaba en su mejor momento. En un inusual gesto el maestre Pal Benko le cedió su puesto en el Interzonal de ese año. La presión era enorme, fuera para Benko, para Fischer o para Spassky. Las dos grandes potencias querían una victoria a toda costa.
En Belgrado se iba a celebrar una nueva "partida del siglo". En un torneo de exhibición la URSS se enfrentaría a una selección del resto del mundo. Fischer actuaría segundo, tras un jugador danés cuya trayectoria había sido ejemplar en los últimos meses. Perdió. Fischer entró en acción dispuesto a matar. Venció a Petrosian, hasta hacía un año el campeón mundial, tras dos victorias y dos empates. En su siguiente torneo, celebrado en Montenegro, de partidas rápidas, Fischer aplastó a sus contrincantes. ¿Habría rememorado sus partidas callejeras en Washington Square? Finalmente, a finales de 1970, acudió a Palma de Mallorca para jugar el Interzonal, que acabó ganando sin aparente dificultad.

1971 comenzó con dos partidas contra Candidatos donde Fischer obtuvo sendos tenísticos 6-0. En agosto arrasa en un torneo quedándose a medio punto del máximo de 22 posibles. Enfrentado de nuevo a Petrosian, éste se lo puso difícil al norteamericano, pero finalmente Fischer le escamoteó una victoria en Buenos Aires. En las siguientes partidas contra Candidatos logró más de veinte victorias consecutivas, algo que no se veía desde el siglo XIX. Finalmente Fischer sería el candidato para arrebatarle la corona a Boris Spassky. El mundo contuvo el aliento mientras Islandia se convertía en el centro de todas las miradas.

Mientras Spassky disponía de toda la maquinaria del estado para prepararse para el campeonato, Fischer se entranaba a solas en Nueva York, permitiéndose algunos momentos de relax jugando bolos y escuchando a los Beach Boys. Sin embargo el campeón ruso fue notando cada vez más la presión hasta que quedó vencido por ella. En realidad en ambos bandos la presión era enorme.

El Campeonato del Mundo de ajedrez presenta para muchos un claro favorito, aunque persistían algunas dudas, lo que añadido a todo el espectáculo mediático que iba a rodearlo y la politización del mismo hizo de esa edición de 1972 una de las más seguidas de la historia. Tras la superioridad que había mostrado en las rondas de clasificación, muchos veían en Fischer al claro ganador. Sin embargo, en ninguno de sus enfrentamientos con Spassky había logrado vencerle.

Cuando la ceremonia de apertura del campeonato tuvo lugar los soviéticos ya hacía un tiempo que estaban en Reikavik. Sin embargo nada se sabía del norteamericano. Fischer se encontraba recluído en la casa de un amigo en Queens, y no estaba dispuesto a viajar hasta que sus demandas fueran satisfechas. Su paranoia llegó a tal extremo que tenía miedo de coger el avión , pensando que los soviéticos lo volarían. La ansiedad crecía en el lado soviético mientras os días iban pasando. El equipo ruso trataba de distraer a Spassky para no someterle a más estrés. Los responsables en Islandia llamaron a la Casa Blanca para que intercediera en el asunto. El mismo Kissinger llamó Fischer para que acudiera al torneo, hablándole de lo importante que era para el país. El ajedrecista de Chicago finalmente llegó a Reikavik una semana tarde. Al salir del avión corrió hacia el coche que le esperaba sin atender al comité de recepción.
Cuando Fischer no se presentó al sorteo de la s partidas la delegación soviética estalló. Exigieron que el norteamericano se disculpara con Spassky o no habría campeonato. El equipo norteamericano habló con el Fischer hasta que se decidió a escribir una carta de disculpas a su oponente. Los rusos aceptaron la disculpa.

Cuando por fin comenzó la primera partida se podía notar la presión a la que estaban sometidos ambos. Fischer parecía agotado. Su filosofía siempre había sido el ataque. Aunque gustaba de abrir con el ofensivo peón del rey, no se amoldaba a una sola apertura. Las conocía todas, y usaba una u otra a discreción. En muchas ocasiones sorprendía a sus contrarios con aperturas extrañas o sacrificando fichas en un estilo de juego caníbal que sólo buscaba una victoria rápida y total. Donde la mayoría de ajedrecistas habrían acordado tablas, el norteamericano seguía hasta vencer o ser derrotado, o alcanzar un empate técnico tras quedar en el tablero sólo los reyes. Sin embargo en aquella primera partida Spassky notó que Fischer se estaba mostrando inusualmente pasivo. Tras unas treinta jugadas la partida parecía apuntar hacia un callejón sin salida. Cada uno disponía de algunos peones y un alfil para concluir la partida. Pero Fischer no quería llegar a las tablas. Atacó con un alfil en un error fatal, quedando bloqueado el mismo y arruinando cualquier posibilidad de ganar. Spassky se anotó el primer tanto.
En la segunda partida el norteamericano no hizo acto de presencia, alegando que le molestaba el ruido de las cámaras que estaban filmando el acontecimiento. Los jueces le dieron la victoria al soviético. Fischer ya perdía dos a cero. El norteamericano mostró entonces intenciones de abandonar el campeonato y regresar a los Estados Unidos. El alarmado equipo americano se apresuró a presionar al jugado para que se quedara, hablándole de lo mucho que se jugaba el país y él mismo. Mientras, en el lado soviético, se meditaba si abandonar también el campeonato ante los contínuos desplantes de Fischer. Spassky habría retenido el título, y la FIDE probablemente lo hubiera aceptado. Pero el ruso no quería ganar así.
Fischer siguió protestando. Para la tercera partida se jugó en una pequeña sala, con sólo una cámara rodando alejada de la mesa y la sola presencia de los jueces. Antes del comienzo Fischer protestó por la presencia de la cámara y comenzó a discutir con el árbitro. Mientras el paciente Spassky trataba de mantener la calma. Cuando por fin comenzó la partida, el juez anunció que habían pasado cinco minutos. Fischer le mandó callar. Esta vez la victoria fue para Fischer. De entonces en adelante las cámaras fueron prohibidas para todo el campeonato. Los únicos filmaciones existentes de las siguientes partidas provienen de las cámaras del circuito interno del edificio.

¿Qué ocurría con Fischer? ¿Por qué esa actitud? ¿Buscaba exasperar a los soviéticos? Aun hoy se discuten los motivos del norteamericano. Algunos afirman que Fischer tenía pánico a perder el campeonato contra Spassky, de ahi su extraña conducta para que los rusos abandonaran. Otros creen que todo era un plan para acabar con los nervios del campeón en una nueva forma de guerra psicológica. Otros sencillamente creen que el norteamericano no tenía ni idea de lo que estaba haciendo.
El caballeroso Spassky no dio muestras de ira o exasperación. Tras ser derrotado por Fischer en una partida llegó a aplaudirle por el juego tan hermoso que había desarrollado. Sin embargo en el equipo soviético se sospechaba que los norteamericanos estaban usando algún tipo de arma secreta contra Spassky, pues tras cinco partidas Fischer había logrado remontar y lograr un empate. El campeón se notaba inexplicablemente incómodo durante las partidas. Ambas delegaciones inspeccionaron la sala milímetro a milímetro sin encontrar nada. La única arma secreta era el talento de Fischer y sus idas y venidas por la sala, tocando aquello o lo otro, paseándose de un lado a otro, alzándose y sentándose de su asiento. Parecía buscar deliberadamente el romper la concentración de su oponente.
En la partida veinte Fischer necesitaba un punto en cuatro partidas para hacerse con la victoria. Durante la número 21 se acordó un descanso durante el cual Spassky se rindió. El dominio soviético había sido roto. Un norteamericano era campeón del mundo de ajedrez por primera vez desde el siglo XIX. La victoria no rompió la cordial amistad entre Spassky y Fischer. En la cena de honor ambos sacaron unas fichas y se pusieron a discutir una de las partidas. A su regreso Spassky fue culpado de la derrota. Los mandamases de la URSS le dejaron de lado y apostaron por un nuevo caballo, Anatoly Karpov.

Fischer regresó a los Estados Unidos como un héroe. Apareció en la portada de las revistas más prestigiosas. Se entrevistó con líderes políticos, recibió premios y medallas, acudió a programas de televisión. Le llovieron ofertas publicitarias que rechazó, pues afirmaba no poder publicitar productos que no usaba. El ajedrez alcanzó increíbles cotas de popularidad por todo el mundo, creciendo enormemente los jugadores registrados en los Estados Unidos. El ajedrez era el juego de moda.
Tras pasar tres años sin apenas competir, en 1975 el norteamericano debía revalidar su título ante Karpov, quien había eliminado a Spassky en las eliminatorias previas. Fischer propuso a la FIDE un nuevo formato para la final. No se contarían los empates, ni habría límite de partidas. El primero en ganar diez partidas sería el campeón. Si se llegaba a un empate de 9-9 el premio se dividiría y Fischer retendría el título. La federación aceptó las diez victorias, pero estableció un límite de partidas y rechazó la propuesta del empate. El nuevo campeón respondió que sus propuestas no eran negociables. Un nuevo congreso de la federación tuvo lugar para reconsiderar las propuestas. Todas se aprobaron, salvo la del empate, obviamente injusta. Fischer no dio respuesta alguna. Karpov fue proclamado nuevo campeón del mundo. Fischer perdió su corona mientras Spassky tenía que exiliarse de la Unión Soviética.

Tras perder su título Fischer fue apartándose de la vida pública cada vez más. Apenas jugaba alguna partida profesional. En 1977 se enfrentó a un ordenador en la Universidad de Cambridge, ganando todas las partidas. Poco después desapareció. Nadie sabía nada de él. Poco a poco se desató una especie de paranoia donde surgían noticias de avistamientos de Fischer en tal ciudad o país. Se contaba que el antiguo campeón era ahora un vagabundo que de vez en cuando jugaba alguna partida por los parques. En 1981 saltaba la noticia de que había sido detenido en Pasadena por su parecido con un sospechoso ladrón de bancos. Fischer había sido herido durante la detención. Con unas pobladas barbas no era fácilmente reconocible. Finalmente fue liberado, pero el ajedrecista hizo declaraciones hablando de complots y persecuciones por parte del gobierno. Durante largos períodos de tiempo el ex-campeón se refugiaba en casa del gran maestro canadiense Biyiasas, amigo de Fischer. Juntos jugaban algunas partidas de vez en cuando. Biyiasas afirma que nunca pudo ganarle.

El fantama de Fischer continuó vivo durante aquellos años. Nada se sabía de él hasta que de vez en cuando surgía alguna entrevista de radio o algún artículo en un períodico donde el ajedrecista desproticaba contra el mundo. Ya desde principios de los 60 Fischer había afirmado que había demasiados judíos en el mundo del ajedrez, o había atacado a los soviéticos. Sus demonios personales fueron en aumento desde entonces, y en los 80 se convirtió en un acérrimo crítico del gobierno estadounidense. En 1984 escribió una carta a una importante institución hebrea, negando ser judío y lanzando toda suerte de ataques contra el pueblo de Israel.
Por fin, en 1992, una noticia relacionaba en muchos años a Fischer con el ajedrez. Se iba a celebrar cerca de Belgrado una revancha de "la partida del siglo" contra Spassky. Debido a la guerra interna los Estados Unidos y las Naciones Unidas habían declarado un embargo al país. Aun así Fischer acudió a la cita (en la que exigió ser presentado como el campeón del mundo) dispuesto a embolsarse el premio de varios millones de dólares. Fischer ganó. Como bien le había advertido el gobierno estadounidense en un aviso oficial, participar en ese torneo y coger el dinero contituiría un acto ilegal en contra del mandato presidencial. Las imágenes de Fischer escupiendo sobre aviso dieron la vuelta al mundo. Tras finalizar el torneo el gobierno norteamericano emitió una orden de arresto para el ajedrecista. Sus bienes fueron confiscados. Fischer se convirtió en un fugitivo.


Bobby en sus últimos años

En los años siguientes vivió en Hungría y en las Filipinas, donde tuvo un hijo. Sus declaraciones cada vez eran más paranoicas y desmedidas. Habló de conspiraciones internacionales de judíos y de la persecución del gobierno norteamericano, controlado, de nuevo, por judíos. Calificó el Holocausto de montaje. Tras los ataques terroristas Fischer asombró al mundo con unas declaraciones en las que decía alegrarse de los atentados y en los que afirmaba que los "Estados Unidos deberían ser borrados del mapa". Fue borrado como miembro de la Federación de Ajedrez de los Estados Unidos por voto unánime. Por entonces el ajedrecista se mudó a Japón. Allí fue detenido en un aeropuerto por usar un pasaporte norteamericano que había sido revocado. No sin ayuda Fischer logró evitar la extradición a los Estados Unidos, pero hubo de renunciar a la nacionalidad estadounidense. En 2005 Islandia le concedió la ciudadanía para que Fischer pudiera salir de Japón. Allí el otrora genio del ajedrez acabó sus días, despreciado por muchos, conmiserado por otros, como refugiado político.
Aunque transtornado, el ajedrecista demostró su genio hasta el final. En diciembre de 2006 saltaba la noticia: Fischer había llamado a un programa de televisión islandés que acababa de retransmitir una partida de ajedrez para hacer notar una gran combinación de jugadas que habían llevado al ganador a la victoria. Ni los presentadores ni los comentaristas parecían haberla percibido.
Bobby Fischer fallecía de un fallo renal el 17 de enero de 2008.

13 comentarios:

ISOBEL dijo...

curioso personaje, digno de autentico cine negro, besos

Alí Reyes H. dijo...

¡Qué tremendo! A pesar de lo largo me lo tomé como agua pues es una historia sorprendente y dramática.

Te confieso que nunca me ha llamado la atención el ajedrez, debe ser porque carezco de aptitudes para jugarlo aunque sea como pasatiempo, pero si soy un apasionado de la literatura y es en ella que he encontrado uno de los mejores cuentos que alguna vez he leído, y precisamente tiene que ver con el deporte-ciencia, se trata de "EL JUGADOR DE AJEDREZ" de Stefan Zweig. Tienes que leértelo, es sencillamente FASCINANTE. Si lo llegas a hacer (es de esos cuentos que se leen de una sola sentada pues te atornillan a la silla) avísame.

Möbius el Crononauta dijo...

Isobel, era desde luego un tipo fascinante

Ali, gracias por la recomendación; tranquilo que si algún día leo ese libro lo comentaré en el otro blog.

Angus dijo...

Asombroso personaje, gracias por contarnos sus logros y excentricidades.

Aunque tenga poco que ver, me han entrado ganas de revisitar En Busca de Bobby Fischer...

mr chesnutt dijo...

Es la primera vez que leo éste blog, y la verdad que está supercurrado. Yó tambien admiraba a Cebrián, aunque por desgracia lo descubrí un poco tarde. Y Fischer sin duda es un antihéroe francamente interesante; ¿lunático o genio, quien lo podría decir?. Saludos.

† Gothic girl † dijo...

Hola!

Gracias por pasarte por mi blog...
Están interesantes los tuyos,me gustan ^^

Un beso!

Möbius el Crononauta dijo...

chesnutt: Fischer era un personaje muy peculiar. Me alegro de que te gusto el blog, ojalá tuviera más tiempo para actualizarlo.
La biografía de Speer la tengo por ahí, uno de tantos libros pendientes

gothic: de nada. Pues bienvenida, y vuelve cuando quieras

saroide dijo...

Enhorabuena por esta entrada, me has hecho vivir la tensión de esa gran partida y admirarme con la mente de este genio loco. Además, me fascina el ajedrez, quizá porque me veo -al menos por ahora- incapaz de comprenderlo en toda su profundidad. Y es que hay dos cosas a las que les tengo cariño: aquellas que conozco y aquellas que deseo conocer. ¡Un abrazo!

aLiKHaNDRa dijo...

Hola soy Valkyria, del blog http://valkyriaa.blogspot.com/ , el cual fue eliminado por un error tecnico de mis dedos , pero esta es la nueva dirección , espero no te olvides de el ...

Feliz Año

Saludos¡¡¡¡¿

Bree dijo...

Sin duda, una vida de lo más interesante, hace poco vi un documental sobre él...

Darko Wiggin dijo...

Que grande!
Cada vez que que veo "Bobby Fischer" es como una adicción, volver a recordar su historia, incluso conocer cosas nuevas. Siempre sorprendente...

Antonio dijo...

Existe algo muy estraño en ver en personajes como Bob Fisher , una persona extravagante, para el los extraños somos la mayoria.Bob podia ver no solo las piezas del ajedrez y sus movimientos, veia las piezas humanas en este juego de la vida. Las veia desde una vision mas pura y natural , no a traves de "centros de educacion" , como las universidades , que los cuerdos llaman centros de saber , cuando son casi siempre todo lo contrario.Saludos a todos a quienes apasiona la fascinante historia de bob fisher y quiza nos de la pista a seguir para comprender y ver lo que casi nadie ve.

Alejandro dijo...

Fischer solo dijo verdades. Los judíos son la escoria de la Tierra.